Archivo de la categoría: Reflexiones

Orgullo y humildad: Una reflexión

Dios y el orgullo

  La palabra de Dios está repleta de críticas al orgullo. Veamos algunos ejemplos:

Salmo 138:6[1]

El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos. Sigue leyendo

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La voluntad de Dios

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida? Muchos hacen esta pregunta pensando mayormente en la toma de grandes decisiones como el matrimonio (¿con quién me voy a casar?) y la vocación (¿a qué me voy a dedicar?). Entienden que Dios tiene un plan personal para cada uno de nosotros y es responsabilidad de cada cual descubrir cuál es. Sin embargo, no hay respaldo para esta manera de pensar en las Escrituras. Sigue leyendo

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La dignidad humana

“La creación de Dios es inmensa, pero el ser humano, la corona de la creación, posee una dignidad y grandeza que sobrepasa aquella del mismo cosmos.” – John Jefferson Davis [1]

Según las Sagradas Escrituras, Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza (ver Génesis 1:26-27). Toda persona ha sido creada a imagen de Dios, sin excepción. Cada individuo posee un valor incalculable. Las implicaciones de esta enseñanza son inmensas y diversas. Una en particular resalta la actitud que debemos tener con relación a nuestro prójimo. Sigue leyendo

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Suponiendo Pt. 2

Suponiendo que hay una realidad que existe aparte de mi mente. Que esta realidad de alguna manera está organizada de tal manera que permite la existencia de diversas formas de vida.

Suponiendo que el proceso evolutivo ha permitido el surgimiento de seres conscientes. Que estos seres pueden reaccionar a mis escritos. Que no hay tal cosa como el libre albedrío, pues todo está determinado por nuestra química, contexto social y leyes de la naturaleza.

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Suponiendo

Suponiendo que hay una realidad que existe aparte de mi mente. Que esta realidad está organizada de tal manera que permite la existencia de seres inteligentes.

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¿Puedo saber?

¿Qué es el ser humano? ¿Cuál es su propósito? A estas preguntas hay muchísimas respuestas. Un día, mientras reflexionaba, me di cuenta que buscar la respuesta a estas preguntas es como buscar cómo funciona algún equipo tecnológico: consultando el manual de instrucciones. Para saber acerca de algún aparato y sobre su funcionamiento tenemos que consultar al diseñador y creador del mismo. Así mismo pasa con la humanidad. Sigue leyendo

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¿Por qué “¿por qué?”?

  La búsqueda de respuestas acerca de la vida puede tomar un giro equivocado. El “¿por qué?” que hacemos, en vez de ser una oportunidad para recibir respuestas y someternos a la verdad, busca meramente vociferar nuestros esquemas. En vez de tener como fin conformarnos a la realidad, queremos que la realidad se conforme a nosotros.

  En cuanto al tema de Dios, se preguntan muchas cosas. ¿Por qué permite el mal en el mundo? ¿Por qué no es más evidente su existencia? ¿Por qué no hizo todo de otra manera? Son buenas preguntas, ¿pero qué pretenden lograr? ¿Qué se hace con la respuesta recibida (si alguna; no siempre tenemos acceso a las respuestas)? Según la Biblia, vivimos en un mundo en el cual Dios ha actuado en la historia, buscando restaurar lo que una vez se quebrantó debido a nuestra rebelión. El gran privilegio y propósito de la humanidad es entrar en comunión con Su creador mediante la obra de Jesucristo (su vida, muerte y resurrección). Podemos preguntarnos sobre la veracidad de esta historia. Podemos estar investigando toda una vida sobre cada detalle de esta historia. Ahora bien, ¿cuál es el porqué detrás de las preguntas? ¿Buscamos respuestas con un corazón deseoso de averiguar si en efecto es posible entrar en comunión con el Dios personal o por alguna otra razón?

  En nuestras relaciones personales las preguntas pueden ser un medio útil (no el único) para fortalecer la relación. Si todo se tratara de preguntas, entonces lo que estaríamos buscando hacer es llenarnos de información sobre los demás, no relacionarnos como tal. Habiendo dicho esto, cabe señalar que somos selectivos con las personas con las que decidimos relacionarnos. Quizás consideramos a algunas personas demasiado extrañas como para dedicar tiempo a conocerlas. Todo esto es parecido a nuestro acercamiento a Dios. Sobre las preguntas, en algún momento deben parar (o sea, no es posible pedir la explicación de todo, pues nunca podríamos explicar nada). Alguna respuesta tendrá que satisfacer. Además, no fuimos creados para únicamente llenarnos de información sobre Dios, sino para conocerle personalmente.  Y aquí nos enfrentamos a otro problema. ¿Deseamos conocer realmente a Dios?  Él no es cualquier persona; Él es el Creador de todo (el Absoluto, lo Máximo, la Belleza, la Suma Bondad) y exige (y merece) nuestra adoración. ¿Estamos dispuestos a dejar que Dios sea Dios y conocerlo en sus términos? Es imposible participar de una relación con Dios sin uno aceptarle tal como es. De hecho, esto aplica a cualquier relación personal; sin el reconocimiento del otro individuo, no puede haber una relación auténtica.

  La búsqueda a respuestas acerca de la vida no es tan sencilla. Al final del camino se encuentra el Dios revelado por Jesucristo. ¿Estamos dispuestos a rendir nuestra vida a Él? La respuesta que cada uno dé a esta pregunta tendrá repercusiones eternas. Nuevamente, ¿con qué fin estamos preguntando?

“Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.” – Apocalipsis 4:11 (NVI)

“Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha.” – Salmos 16:11 (NVI)

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