La centralidad de la Trinidad en el cristianismo

Juan 17:3[1]

Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Dios nos ha creado con el fin de que le conozcamos (cf. Oseas 6:6; Jeremías 9:23-24). [2] Nuestro Creador, desde la eternidad, se ha encargado de hacer esto una posibilidad para el ser humano. Por medio de la creación podemos apreciar la grandeza y sabiduría de Dios (e.g., Salmos 19:1; Romanos 1:20). Este mismo Dios se dio a la tarea de proveernos salvación a través de Su Hijo y en este tiempo presente habitar en nosotros por medio de Su Espíritu Santo. Ciertamente es un hecho; a Dios le interesa que le conozcamos. En este escrito quiero que enfoquemos nuestra atención en la revelación última de la naturaleza de Dios que se nos ha dado en las Escrituras: la Santa Trinidad.

Tristemente algunos creyentes continúan su caminar con Cristo sin entender o ver la relevancia de esta doctrina. Es mi meta atender este asunto. Así que te pido, estimado lector, que junto a mí en este ratito te prepares para navegar a aguas que seguramente son conocidas, pero que quizás no han sido suficientemente exploradas. Espero que después de este viaje puedas salir con una mayor apreciación de la belleza de nuestro Dios trino.

Respaldo a la doctrina de la Trinidad  

Comencemos en nuestra primera parada examinando algunos de los textos que sirven de base para afirmar la doctrina de la Trinidad. En primer lugar, la Biblia enseña la existencia de un solo Dios. Esto se ve tanto en el AT como en el NT. Por ejemplo, en Deuteronomio 6:4, conocido como la Shema (una afirmación central en el judaísmo),[3] leemos lo siguiente:

Deuteronomio 6:4

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.

Este mismo texto es citado por Jesús en Marcos 12:29.

En segundo lugar, en la Biblia encontramos textos que nos muestran una pluralidad en Dios. En el prólogo del evangelio según Juan leemos:

Juan 1:1

1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.

Cuando leemos el resto del capítulo nos enteramos que el “Verbo” aquí se refiere al Hijo, quien se hizo hombre en Jesucristo. El pasaje nos presenta una distinción entre el “Verbo” y Dios, pero también nos dice que el “Verbo” es Dios. Por otro lado, en Hechos 5:3-4 leemos lo siguiente:

Hechos 5:3-4

—Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!

En el relato vemos que Pedro se refiere al Espíritu Santo como Dios. Finalmente, hay textos como el siguiente que muestran las tres personas:

Mateo 3:16-17

16 Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. 17 Y una voz del cielo decía: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.»

Es en base a textos como estos que la cristiandad formula la doctrina de la Trinidad. Unos siglos después (siglo 4to) se presenta la oportunidad para que varios líderes de la iglesia cristiana se reúnan y formulen una postura clara acerca de esta doctrina. De estas reuniones obtenemos el conocido Credo Niceno. Brevemente estipulada, la doctrina de la Trinidad establece que Dios es “una substancia, tres personas”.[4] Contrario a lo que puedan pensar algunos, esto no es contradictorio. De la manera en que Dios es uno, no es la misma en que Dios es tres. Por lo tanto, la doctrina de la Trinidad no es contradictoria.

simbolo de Trinidad

Símbolo clásico para explicar la doctrina de la Trinidad. El símbolo busca aclarar la unidad de la esencia divina y la distinción de personas. Lo que dice es lo siguiente:
 
El Padre es Dios y no es el Hijo ni el Espíritu Santo. El Hijo es Dios y no es el Padre ni el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios y no es el Padre ni el Hijo.
 
La imagen fue tomada de la página de The Gospel Coalition [http://www.thegospelcoalition.org/blogs/erikraymond/files/2015/04/holy_trinity_symbol-276132420_std.jpg].

El teólogo Bruce Ware provee una definición más amplia: “La doctrina de la Trinidad afirma que la esencia entera e indivisible de Dios pertenece por igual, eternamente, simultáneamente, y completamente a cada una de las tres Personas distintas de la Deidad [o sea, al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo].”[5] Algunos han dicho que Dios es un “qué” (substancia) y tres “quiénes” (personas). Esta ha sido la afirmación de la iglesia cristiana históricamente. ¿Por qué es esto importante? Nos preparamos entonces para nuestra próxima parada.

Importancia de tener claro que Dios es trino

Comenzamos reflexionando en que Dios nos creó para que le conociéramos. Ésta es la primera razón por la que tener clara la doctrina de la Trinidad es importante. Desde temprano en la historia de la iglesia han surgido conceptos erróneos acerca de la Trinidad, conceptos que aún vemos en el día de hoy. Por ejemplo, los Testigos de Jehová afirman que Jesús es la primera creación de Jehová y que el Espíritu Santo es sólo una fuerza invisible.[6] Una segunda postura errónea es el modalismo, el cual afirma que Dios es una sola persona que adopta varios roles. De acuerdo al modalismo, Dios toma la forma de Padre en el AT, de Hijo en el NT y del Espíritu Santo ahora con nosotros. Una tercera postura incorrecta lo es el triteísmo, el cual establece que no hay un Dios, sino tres dioses. A diferencia de estas, la postura bíblica afirma que Dios siempre ha sido uno, en tres personas.[7]

Otra razón por la que entender la Trinidad es importante es porque nos permite apreciar mejor la gracia y el amor divino. Como nos enseña la doctrina de la Trinidad, Dios desde la eternidad subsiste en tres personas. Esto quiere decir que Dios nunca ha estado solo. En la naturaleza divina siempre se ha dado una comunión de amor perfecto entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Con razón la Escritura nos enseña que Dios es amor (e.g., 1 Juan 4:7-9). Dios no tenía ninguna necesidad de crearnos pues no carece de nada. Esto quiere decir que Su decisión de crear es únicamente con el beneficio de la criatura en mente. Dios nos creó por pura gracia, extendiendo Su amor a nosotros. Su salvación también es por pura gracia. El teólogo Thomas McCall lo pone de esta manera:

El hecho de que el amor santo es de la esencia de la plenitud de la vida trinitaria nos informa que Dios en ningún sentido nos necesita. Dentro de su propia vida como Padre, Hijo y Espíritu Santo, el Dios trino no conoce carencia o necesidad. La expresión de su gracia para con nosotros es, pues, completamente gratis. Dios no nos ama de una carencia o vacío; en cambio, él nos ama a partir de la plenitud de la vida trinitaria de amor santo.[8]

Profundo… La doctrina de la Trinidad tiene grandes implicaciones, como esta que acabo de mencionar. Meditando en esta realidad Susanna Wesley, madre de Charles y John Wesley, en su diario alrededor del siglo 18 escribió lo siguiente:

Considera la infinita bondad inagotable de la siempre bendita Trinidad. . . ¡Adora el estupendo misterio del amor divino! ¡Que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo todos concurran en la obra de la redención del hombre! ¡Qué sino la más pura bondad podía mover o provocar a Dios, quien es perfecta santidad en su esencia! Quien no puede recibir ni un destello de perfección o felicidad de sus criaturas. ¿Qué, pregunto yo, sino el amor, la bondad, el incomprensible e infinito amor y bondad podría moverlo para proveer tal remedio para el lapso fatal de sus pecaminosas e indignas criaturas?[9]

¿Por qué Dios nos creó con el propósito de que le conociéramos? Porque Su amor procura lo mejor para nosotros. ¿Y qué es lo mejor en toda la existencia? Dios mismo. ¿Y cómo lo ha procurado? Esto nos lleva al tercer y último punto.

La creación, dice Juan Calvino, es el teatro de la gloria de Dios.[10] Es aquí donde Dios, la gloriosa Trinidad, se ha dado a conocer, últimamente a través del evangelio. Estando la humanidad condenada por sus pecados, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en amor proceden a extender una vía de salvación. El Padre envía al Hijo y el Hijo glorifica al Padre haciéndose obediente hasta la muerte, muerte de cruz (Filipenses 2:8). Venciendo la muerte, Cristo, junto al Padre, envía al Espíritu Santo para santificarnos y corregir los efectos de la Caída, formando a Cristo en nosotros (2 Tesalonicenses 2:13). Como lo diría Pablo:

Gálatas 4:4-7

Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley,para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos. Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡ Abba! ¡Padre!» Así que ya no eres esclavo sino hijo; y como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero.

¡Wow! ¡Dios nos da el asombroso privilegio de ser llamados hijos e hijas de Él, permitiéndonos experimentar el amor trinitario! [11]  Piénsalo por un momento. Dios, justificándonos en Cristo y poniendo su Espíritu Santo en nosotros, nos invita a deleitarnos delante del Padre y del Hijo. Esto no es poca cosa, esto es lo máximo.[12] ¡Que El ser más grande de la existencia nos considere a nosotros, unas criaturas minúsculas merecedoras de condenación, sus hijos! Esto infunde la vida de un valor incalculable. La vida es un don de Dios, una oportunidad de palpar el grandioso amor del Dios trino. Cuando pienso en estas cosas me quedo sin palabras. Asombrado solo puedo agradecer a Dios y aceptar Su amor día tras día, con la vista puesta en Jesús, por medio de la obra del Espíritu. Juan nos dice:

1 Juan 3:1

1¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!

No cabe duda de que esto es glorioso. Pero cabe enfatizar que esto es una bendición que proviene únicamente si nuestras vidas están unidas a Cristo Jesús (e.g., Juan 1:12).[13]  Esto implica poner nuestra fe en Él y morir a nuestra rebeldía para hallar vida en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Y es que ser hijos de Dios por adopción envuelve ser como Cristo, el Hijo por naturaleza quien ha estado desde la eternidad delante del Padre. Tenemos que amar a nuestro prójimo, así como Dios es amor (Marcos 12:28-31). La iglesia del Señor debe disfrutar la unidad en hermandad así como el Hijo y el Padre son uno (Juan 17:20-21). Tal y como Cristo vino a este mundo a buscar lo que se había perdido, así nosotros estamos llamados a ministrar a los que no conocen al Señor (Mateo 28:19-20). Así ha de ser hasta la restauración de todas las cosas, donde se dice que Dios, la Santa Trinidad, estará con su pueblo y será su Dios (Apocalipsis 21:3). En ese momento dice la Escritura que seremos glorificados, semejantes a Cristo (e.g., 1 Juan 3:2).

Como puedes ver, la Trinidad es esencial para el evangelio. Sin la Trinidad no hay evangelio.

Efesios 1:3-8 (NTV)

Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo. Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo. De manera que alabamos a Dios por la abundante gracia que derramó sobre nosotros, los que pertenecemos a su Hijo amado.Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. Él desbordó su bondad sobre nosotros junto con toda la sabiduría y el entendimiento.

Conclusión

En este momento regresamos al muelle y nos preparamos para desembarcar. A lo largo de este mensaje hemos examinado la doctrina de la Trinidad. Vimos solo algunos pasajes (hay muchos más) de la Escritura que sustentan que Dios es trino. Luego examinamos algunas razones por las cuales estar claros en esta doctrina es importante para nosotros como cristianos. Se enfatizó particularmente la gran bendición de ser llamados hijos e hijas en Cristo, teniendo el privilegio de deleitarnos íntimamente en la Trinidad.[14] Hay muchísimo más que se pudiera discutir sobre la Trinidad, pero al momento espero que puedas ver que la Trinidad es vital para la fe cristiana.

¿Qué hacemos ahora? Considera cuán central es esta doctrina para tu fe en lo personal. La Trinidad no es sólo para teólogos profesionales, es para todo creyente. Nicky Cruz, un ex-pandillero que se entregó a Cristo, escribió lo siguiente sin tener una educación teológica formal en el 1976:

Algo ha surgido en mi caminar con Dios que se ha convertido en el elemento más importante de mi discipulado. Se ha convertido en la cosa que me sostiene, que me alimenta, que me mantiene firme cuando estoy tambaleante. He venido a ver a Dios, conocerle y relacionarme con Él como Tres en Uno, Dios como Trinidad, Dios como Padre, Salvador y Espíritu Santo. Dios me ha dado en los últimos años una visión de sí mismo como de Tres-en-Uno, y la capacidad de relacionarme con Dios de esa manera es únicamente el más importante hecho de mi crecimiento cristiano.[15]

También escribió lo siguiente:

Dios es un Padre magnífico. Dios es un Salvador magnífico, Jesucristo. Pero si no fuera por el magnífico Espíritu Santo, ¡todavía sería un pecador odioso y miserable! No es suficiente tener un Dios Padre- que me ama y provee para mí. No es suficiente incluso tener un Salvador que murió por mis pecados. Para que cualquiera de esas bendiciones haga una diferencia en nuestras vidas, también debe estar presente en este mundo la Tercera Persona de Dios, el Espíritu Santo.[16]

Mi anhelo es que lo que ha experimentado Nicky Cruz sea una realidad para ti.

Si no has entregado tu vida a Cristo, te digo lo siguiente.

Juan 3:16 (RV1960)

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Dios en Su gracia ha hecho todo lo posible para que vengas a Él. Pero ten en cuenta lo siguiente, en Su gran amor Él te ofrece nada más y nada menos que Sí mismo en Cristo. Dicho amor busca transformar tu ser a Su imagen. C.S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia, pensando en esto se imagina a Cristo diciendo lo siguiente:

 No te equivoques, si me lo permites, yo te haré perfecto. El momento en que te pongas en Mis manos, eso es lo que te espera. Nada más y nada menos que eso. Tienes libre albedrío, y si quisieras, me podrías echar a un lado. Pero no se no me echas a un lado, entiende que voy a continuar hasta que la labor esté completa. Cualquier sufrimiento que te pueda costar en tu vida terrenal…cueste lo que Me cueste, no descansaré ni te dejaré descansar, hasta que estés literalmente perfecto—hasta que mi Padre pueda decir sin reservas que Él está complacido contigo, así como dijo que está complacido conmigo. Esto puedo hacer y lo haré. Pero no haré nada menos.[17]

Tu salvación será únicamente por lo que Cristo ha logrado en la cruz, pero al venir a Él deberás estar dispuesto a entregarte por completo. Jesucristo no puede ser tu Salvador si no es tu Señor. Si decides rechazarle recuerda que algún día rendirás cuentas a Él de tu vida y que la oferta de reconciliación con Él se acabará. No pierdas la oportunidad de conocer a tu Creador, quien sostiene tu vida día tras día. No pierdas la oportunidad de ser un hijo adoptado de Dios en Cristo. Decide mejor rendir tu vida al Señor y encontrar “plenitud de gozo” en Su presencia (ver Salmos 16:11) que rechazarle y enfrentar condenación eterna enajenado de Dios (e.g., 2 Tesalonicenses 1:9).

Notas al calce:

[1] Textos citados son de la NVI (a menos que se indique lo contrario).

[2] Citas de recursos en inglés han sido traducidas por mí.

[3] Norman L. Geisler, Baker Encyclopedia of Christian Apologetics, Baker Reference Library (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1999), p. 730, Logos Bible Software.

[4] Justo González, “Trinidad,” Diccionario Manual Teológico (Barcelona, España: Editorial Clie, 2010).

[5] Bruce A. Ware, Father, Son, and Holy Spirit: Relationships, Roles, and Relevance (Wheaton, IL: Crossway, 2005), p. 41.

[6] Walter Martin, The Kingdom of the Cults, ed. Ravi Zacharias, Revised, Updated, and Expanded Edition (Minneapolis, MN: Bethany House Publishers, 2003), p. 73.

[7] Nuevamente, uno responde a la pregunta “¿qué?” y tres responde a la pregunta “¿quién?”.

[8] Thomas H. McCall, Forsaken: The Trinity and the Cross, and Why It Matters (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2012), Kindle Electronic Edition: Location 517.

[9] Susanna Wesley: The Complete Writings, ed. Charles Wallace Jr. (New York: Oxford University Press, 1997), 225. Tal y como aparece citado en Fred Sanders, The Deep Things of God: How the Trinity Changes Everything (Wheaton, IL: Crossway Books, 2010), Kindle Electronic Edition: Location 1109.

[10] Ver por ejemplo John Calvin, Institutes of the Christian Religion & 2, ed. John T. McNeill, trans. Ford Lewis Battles, vol. 1, The Library of Christian Classics (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2011), p. 61, Logos Bible Software.

[11] Archibald Alexander Hodge (1823-1886) explica cómo las tres divinas personas de la Trinidad operan en nuestra adopción:

Esta adopción procede conforme al propósito eterno del Padre, por los méritos del Hijo, y de la agencia eficiente del Santo Espíritu.—Juan 1:12, 13; Gálatas 4: 5, 6; Tito 3: 5, 6. Por medio de la adopción Dios Padre se hace nuestro Padre. El Hijo encarnado se hizo nuestro hermano mayor, y somos hechos—(1) como él; (2) íntimamente asociados con él en comunión de vida, estatus, relaciones, y privilegios; (3) coherederos con él de su gloria.-Romanos 8:17, 29; Hebreos 2:17; 4:15. El Espíritu Santo mora en nosotros, es nuestro maestro, guía, abogado, consolador, y santificador. Todos los creyentes, al ser adoptados juntamente, son hermanos.—Efesios 3: 6; 1 Juan 3:14; 5: 1.

Ver Archibald Alexander Hodge, Outlines of Theology: Rewritten and Enlarged (New York: Hodder & Stoughton, 1878), p. 519, Logos Bible Software.

[12] El teólogo J.I. Packer escribe que la adopción en Cristo es “el más alto privilegio que el evangelio ofrece”. Ver J. I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1993), p. 206.

[13] Los seres humanos sin Cristo son “por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3 [RV1960]). Esto por causa del pecado.

[14] Ver Michael Reeves, Delighting in the Trinity: An Introduction to the Christian Faith, (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2012) para investigar más esta idea.

[15] Nicky Cruz with Charles Paul Conn, The Magnificent Three (Old Tappan, NJ: Revell, 1976).  Tal y como aparece citado en Sanders, The Deep Things of God, Location 445.

[16] Cruz, The Magnificent Three, 103.  Tal y como aparece citado en Sanders, The Deep Things of God, Location 493.

[17]C. S. Lewis, “Mere Christianity,” in The Complete C. S. Lewis Signature Classics (New York, NY: HarperCollins, 2007), p. 161.

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