Archivo mensual: julio 2013

Pensamiento #47 de Blaise Pascal

No nos atenemos jamás al tiempo presente. Recordamos el pasado; anticipamos el porvenir como si viniera lentamente y estuviésemos buscando cómo acelerar su curso, o nos acordamos del pasado para detener su paso rápido. Somos tan imprudentes que vagamos en tiempos que no nos pertenecen y no pensamos en el único que sí; tan vanos que soñamos con tiempos que no existen y a ciegas huímos del que sí. La realidad del caso es que el presente usualmente duele. Lo escondemos de nuestra vista porque nos aflije, y si nos resulta agradable nos entristece verlo escapar. Tratamos de ajustarlo al porvenir y pensamos en cómo disponer las cosas que no están en nuestro poder para un tiempo al que no tenemos ninguna seguridad de llegar.

Que cada cual examine sus pensamientos; los encontrará todos ocupados con el pasado o con el futuro. Apenas pensamos en el presente, y, si pensamos en él, es sólo para ver cómo ilumina nuestros planes futuros. El presente nunca es nuestro fin. El pasado y el presente son nuestros medios, el futuro solamente nuestro fin. De este modo a fin de cuentas no vivimos, pero esperamos vivir, y como siempre estamos buscando cómo estar feliz, es inevitable que no lo seamos nunca.

*El número de este pensamiento es según la traducción Penguin/Krailsheimer de los Pensées de Blaise Pascal.

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¿Por qué “¿por qué?”?

  La búsqueda de respuestas acerca de la vida puede tomar un giro equivocado. El “¿por qué?” que hacemos, en vez de ser una oportunidad para recibir respuestas y someternos a la verdad, busca meramente vociferar nuestros esquemas. En vez de tener como fin conformarnos a la realidad, queremos que la realidad se conforme a nosotros.

  En cuanto al tema de Dios, se preguntan muchas cosas. ¿Por qué permite el mal en el mundo? ¿Por qué no es más evidente su existencia? ¿Por qué no hizo todo de otra manera? Son buenas preguntas, ¿pero qué pretenden lograr? ¿Qué se hace con la respuesta recibida (si alguna; no siempre tenemos acceso a las respuestas)? Según la Biblia, vivimos en un mundo en el cual Dios ha actuado en la historia, buscando restaurar lo que una vez se quebrantó debido a nuestra rebelión. El gran privilegio y propósito de la humanidad es entrar en comunión con Su creador mediante la obra de Jesucristo (su vida, muerte y resurrección). Podemos preguntarnos sobre la veracidad de esta historia. Podemos estar investigando toda una vida sobre cada detalle de esta historia. Ahora bien, ¿cuál es el porqué detrás de las preguntas? ¿Buscamos respuestas con un corazón deseoso de averiguar si en efecto es posible entrar en comunión con el Dios personal o por alguna otra razón?

  En nuestras relaciones personales las preguntas pueden ser un medio útil (no el único) para fortalecer la relación. Si todo se tratara de preguntas, entonces lo que estaríamos buscando hacer es llenarnos de información sobre los demás, no relacionarnos como tal. Habiendo dicho esto, cabe señalar que somos selectivos con las personas con las que decidimos relacionarnos. Quizás consideramos a algunas personas demasiado extrañas como para dedicar tiempo a conocerlas. Todo esto es parecido a nuestro acercamiento a Dios. Sobre las preguntas, en algún momento deben parar (o sea, no es posible pedir la explicación de todo, pues nunca podríamos explicar nada). Alguna respuesta tendrá que satisfacer. Además, no fuimos creados para únicamente llenarnos de información sobre Dios, sino para conocerle personalmente.  Y aquí nos enfrentamos a otro problema. ¿Deseamos conocer realmente a Dios?  Él no es cualquier persona; Él es el Creador de todo (el Absoluto, lo Máximo, la Belleza, la Suma Bondad) y exige (y merece) nuestra adoración. ¿Estamos dispuestos a dejar que Dios sea Dios y conocerlo en sus términos? Es imposible participar de una relación con Dios sin uno aceptarle tal como es. De hecho, esto aplica a cualquier relación personal; sin el reconocimiento del otro individuo, no puede haber una relación auténtica.

  La búsqueda a respuestas acerca de la vida no es tan sencilla. Al final del camino se encuentra el Dios revelado por Jesucristo. ¿Estamos dispuestos a rendir nuestra vida a Él? La respuesta que cada uno dé a esta pregunta tendrá repercusiones eternas. Nuevamente, ¿con qué fin estamos preguntando?

“Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas.” – Apocalipsis 4:11 (NVI)

“Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha.” – Salmos 16:11 (NVI)

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