Jesús, ¿figura histórica o mítica?

¡Hola nuevamente! Ya se está acabando el verano y se acerca el comienzo de clases. Espero que se encuentren bien y que hayan aprovechado el verano. Bien, aquí continúo la línea del escrito anterior (“Prueba y Ve: ¿Cuánta Evidencia?”) enfocándome en el tema de la historicidad de Jesucristo. Por medio de este escrito estaré argumentando que es razonable creer que Jesús fue una figura histórica así como lo fue Alejandro Magno. También comentaré brevemente en cuanto a cómo en este sentido el cristianismo se distingue de otras religiones y cosmovisiones. Esto será meramente una introducción.

Comencemos con la siguiente pregunta, ¿por qué es este tema importante para todos?

La verdad es que el cristianismo depende de la persona de Jesucristo. Sin la historicidad de Jesucristo, el cristianismo pierde toda noción de significado y valor. La pregunta sobre porqué este tema es importante nos lleva al punto de cómo se distingue el cristianismo de otras religiones. La proclamación cristiana de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo busca basarse en eventos históricos, no en fábula o mito. Nuevamente, el cristianismo se cae sin la persona y los hechos de Jesús. El Dr. Stephen Davis en una charla bajo el tema The Uniqueness of Christianity mencionó lo siguiente:

“La verdad del cristianismo depende importantemente de ciertos eventos que afirma ocurrieron históricamente. En el caso de la mayoría de las otras religiones lo que importa es el contenido de las enseñanzas religiosas que se encuentran en sus libros sagrados o en las palabras de sus fundadores.”

Cuando Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), Él señaló a sí mismo, no a alguna enseñanza o camino externo a Él. Jesucristo es el centro de la Verdad del cristianismo. Notemos también lo que dice el apóstol Pablo:

“Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados.” (1 Corintios 15:17)

 

Teniendo esto claro, ¿habrá razones para creer en la historicidad de Jesús?

Recientemente estuve escuchando un programa de radio donde se entrevistó un erudito en ciernes de estudios del Nuevo Testamento llamado Mike Licona. El tema del programa era Resurrection Myth Stories y en el mismo se le hicieron varias preguntas de relevancia para este tema de la historicidad de Jesús. Estaré enumerando varios datos que obtuve de esta entrevista y abundaré en los mismos.

1) A nivel popular ha surgido un escepticismo respecto a la historicidad de Jesús mientras que entre los eruditos no.

 

Licona comenta que entre los eruditos del Nuevo Testamento, tanto creyentes como no-creyentes, se afirma la existencia histórica de Jesús. Hasta los críticos del conocido Jesus Seminar no disputan la historicidad de Cristo. Luke Johnson, erudito del Nuevo Testamento, dice lo siguiente:

“Hasta el historiador más crítico puede declarar confiadamente que un judío llamado Jesús trabajó como maestro y hacedor de maravillas en Palestina durante el reinado de Tiberio, fue ejecutado por crucifixión bajo el prefecto Poncio Pilato y continuó atrayendo seguidores después de su muerte.”

De acuerdo a Licona la cantidad de eruditos que rechazan o cuestionan la historicidad de Jesús se pueden contar con la mano. Entre ellos menciona a Richard Carrier, Michael Martin y Bob Price.

2) La mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento no rechazan la confiabilidad histórica de los evangelios, pero sí difieren en aspectos teológicos y filosóficos.

 

Los evangelios no son tomados como literatura mítica, sino que se comparan al género de biografía grecorromana, cuya intención era comunicar historia. Esto lo discute a mayor profundidad Richard Burridge en su obra What Are the Gospels?: A Comparison with Graeco-Roman Biography. Ahora bien, respecto al Nuevo Testamento en su plenitud, hay varias razones para considerar la confiabilidad histórica de estos documentos, la fuente principal por la cual podemos conocer mayormente a Jesús. Brevemente, algunas de éstas son:

a) Fecha Temprana

Aunque hay diferencia entre los eruditos sobre fechas exactas de la composición de los evangelios, Mark Roberts, graduado de Harvard con estudios doctorales en orígenes del cristianismo y estudios neotestamentarios, dice que las fechas más comunes son las siguientes:

Mateo: 70-80 D.C.
Marcos: 60-70 D.C.
Lucas: 70-80 D.C.
Juan: 80-90 D.C.

Tomando en cuenta que los hechos relacionados a la muerte de Jesús se estiman ocurrieron alrededor del año 30-33 D.C., esto quiere decir que Marcos se escribe a solo 30-40 años después. Esto en sí no es problemático por varias razones. De acuerdo al historiador A.N. Sherwin-White, se requiere más tiempo, el paso de varias generaciones, para el desarrollo de datos legendarios. De todas formas, además de los evangelios, podemos hacer referencia a un documento hipotético, denominado Q por los eruditos, utilizado por Mateo y Lucas para la composición de sus evangelios. Esto quiere decir que Q, cuya existencia es bien probable, sería una fuente de información más temprana. Por otro lado también tenemos las epístolas de Pablo. En particular quiero enfatizar su primera epístola a los corintios. En esta epístola hay una porción que se estima fecha en 30-40 D.C. (menos de diez años después de los últimos días de Cristo en la Tierra). Esta porción se encuentra en 1 Corintios 15:3-8. Así que contamos con información temprana sobre Jesús.

b) Multiplicidad de Testimonio

Como ya he mencionado, tenemos por ejemplo los cuatro evangelios y Q. Estas fuentes se complementan muy bien respecto a la historia del ministerio de Jesús en Palestina. Aunque algunos críticos hacen énfasis en contradicciones entre los textos, éstas en ocasiones han sido aparentes y se pueden explicar. Además, estas diferencias suelen ser en detalles periféricos y no centrales. A fin de cuentas, tenemos estas fuentes complementarias que rinden mayor credibilidad a la historicidad de Jesucristo. El historiador Paul Meier dice lo siguiente:

“Muchos datos de la antigüedad dependen de una sola fuente antigua, mientras que dos o tres fuentes en acuerdo generalmente hacen de un hecho uno impecable.”

Respecto a Jesús, tomando en cuenta los evangelios y Q, tenemos cinco fuentes.

c) Abundancia de Manuscritos

El Nuevo Testamento cuenta con un número increíble de manuscritos. La suma total de manuscritos en griego del Nuevo Testamento en enero 2006 fue de 5,745 (tomando en cuenta los manuscritos adicionales a los griegos, suman un total de alrededor de 24,000). Aunque las copias originales de los escritos del Nuevo Testamento se entiende ya no existen, a base de la gran cantidad de manuscritos y la evidencia temprana, los eruditos logran reconstruir el texto original hasta un 97-99%. Respecto a los manuscritos, J. Ed Komoszewski, M. James Sawyer y Daniel B. Wallace, en el libro Reinventing Jesus: How Contemporary Skeptics Miss the Real Jesus and Mislead Popular Culture, argumentan que dentro de las variantes textuales que puedan haber, ninguna doctrina fundamental del cristianismo pierde credibilidad a través de los años. Ellos concluyen:

“En términos de la data de los manuscritos, cualquier escepticismo del Jesús de los evangelios se debería multiplicar varias veces para cualquier otra figura histórica. Tenemos más evidencia temprana y más cantidad de manuscritos sobre la persona de Jesucristo que de cualquier otra persona en el mundo antiguo—incluyendo a Julio Cesar y a Alejandro Magno.”

El erudito John A.T. Robinson, refiriéndose al Nuevo Testamento, dice lo siguiente:

“La abundancia de manuscritos, y sobre todo el intérvalo estrecho de tiempo entre la composición y las copias más tempranas, lo hacen el texto más atestado de cualquier escritura antigua en el mundo.”

 

Hoy día el fragmento más antiguo en existencia se entiende que es el papiro P52, éste incluye la porción en Juan 18:31-33, 37-38. Se estima que la fecha de este papiro es cercana al 125 D.C. ó por lo menos como a 30 años de la composición del evangelio de Juan.

En base a estas razones, entre otras, podemos concluir que sí podemos confiar en los documentos del Nuevo Testamento. Ahora bien, antes de pasar al próximo punto, me gustaría añadir que contamos también con evidencia extra-bíblica sobre la persona de Jesús. El erudito Darrell Bock en su libro Studying the Historical Jesus: A Guide to Sources and Methods, menciona varias de estas fuentes extra-bíblicas incluyendo las siguientes: historiador judío Flavio Josefo, fuentes rabínicas y de la iglesia primitiva, un filósofo llamado Mara Bar Serapion y fuentes romanas (Suetonio y Tácito por ejemplo). Lo que sigue es un fragmento de un escrito de Tácito (Annales, fechado alrededor del 115-117 D.C.):

“Por lo tanto, para callar el rumor, Nerón creó unas expiaciones y sometió a las más refinadas torturas aquellos a quienes la gente común les llamaba ‘cristianos’, [un grupo] odiado por sus crímenes abominables. El autor de este nombre, Cristo, durante el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Silenciada por el momento, la superstición mortal salió a relucir nuevamente, no solo en Judea, la tierra donde se originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde todo tipo de prácticas horrorosas y vergonzosas de todas partes del mundo convergen y son cultivadas fervientemente.”

3) La idea de que Jesús es un personaje copiado de mitos antiguos es en realidad bien pobre en cuanto a justificación.

 

Posiblemente abundaré sobre esto más adelante en otro escrito, pero por ahora me enfocaré en la idea de la resurrección. Mike Licona sobre este punto menciona que hay casi un consenso universal entre los eruditos sobre el hecho de que no existen mitos acerca de personajes que “mueren y resucitan” que fechen anterior al cristianismo. De acuerdo a Licona, Gary Habermas, un especialista en la resurrección de Cristo, escribió un artículo donde éste muestra cómo estos mitos fechan después del origen del cristianismo. Un erudito llamado T.N.D. Mettinger acepta estos hechos, pero en su obra The Riddle of Resurrection: “Dying and Rising Gods” in the Ancient Near East él decide oponerse a este consenso afirmando que hay al menos de tres a máximo cinco mitos que preceden el cristianismo (Dumuzi, Baal y Melqart por ejemplo). Ahora bien, Mettinger reconoce que estos mitos no se comparan al mensaje cristiano. Estos mitos tienen que ver más con los cambios de temporada y la agricultura, mientras que Jesucristo históricamente se debe de entender en su contexto judío. Mettinger dice lo siguiente:

“Los dioses que morían y luego eran levantados estaban cercanamente relacionados al ciclo de las temporadas. La muerte y regreso de ellos se interpretaban a la luz del cambio en la vida vegetal. La muerte y resurrección de Jesús es un evento irrepetible y no está relacionado a los cambios de las temporadas…. No existe, por lo menos para mi conocimiento, evidencia prima facie de que la muerte y resurrección de Jesús sea una construcción mitológica, basada en mitos y ritos de dioses que morían y eran levantados del mundo alrededor. Mientras se estudia con provecho en el contexto de la creencia en la resurrección judía, la fe en la muerte y resurrección de Jesús mantiene su carácter único en la historia de las religiones. El acertijo se mantiene.”

Respecto a otras creencias del cristianismo siendo influenciadas por religiones paganas, los autores del ya mencionado libro Reinventing Jesus, dicen lo siguiente:

“Primeramente, hasta el momento no existe evidencia arqueológica hoy día que muestre que las religiones misteriosas estuvieron en Palestina para la parte temprana del primer siglo…. Segundo, la mentalidad judía del primer siglo resistía el sincretismo.”

Dado a esta fuerte actitud de oposición al sincretismo en la iglesia primitiva, los autores comentan que en toda probabilidad fueron las religiones paganas (o misteriosas) las que tomaron prestado del cristianismo. Las religiones misteriosas sí mostraban una tendencia a ser amoldadas y refinadas por medio del sincretismo. Los autores comentan que estas religiones, cuando muestran similitudes con el cristianismo, esto es ya tiempo después del origen del cristianismo. En realidad no existe evidencia de que estas similitudes hayan estado presentes en estas religiones antes del origen del cristianismo. Continúan diciendo:

“Las fuentes que los escépticos típicamente citan como evidencia de que las religiones paganas influenciaron las creencias tempranas cristianas fechan luego de la composición del Nuevo Testamento. Pero la cronología anda mal. Atis, Mitra y los demás muestran evidencia de dependencia en el cristianismo.”

En otras palabras, contrario a algunos, estas religiones paganas no influenciaron el cristianismo, sino que fue al revés.

Más se podría decir de todo esto, pero en conclusión, quien quiera negar la existencia de Jesús acompañaría al número diminuto de eruditos que así lo hacen, con una tarea ardua por delante. Entiendo que, como hemos visto, un escepticismo en cuanto a la historicidad de Jesús en realidad queda sin justificación. Así que, ¿qué decir de todo esto? Juan, terminando su evangelio, dice lo siguiente:

“Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida. “ (Juan 20:30-31)

Jesucristo es el centro del cristianismo, y ahí se mantendrá. Estaré escribiendo más adelante respecto a temas como los que aquí se discutieron. Ahora bien, ¿por el momento estás convencid@ de la confiabilidad del retrato de Jesús según el Nuevo Testamento? ¿Qué tal si dedicas tiempo a la lectura del mismo (quizás comenzando con Marcos)? También podrías leer (o releer) mi escrito “Cristo murió en la cruz: ¿y qué?”. ¡Hasta la próxima!

Éste es p52, el fragmento más antiguo del Nuevo Testamento

Éste es p52, el fragmento más antiguo del Nuevo Testamento

***Las citas son traducciones mías. Si a alguno le interesa la cita en el lenguaje original, o la fuente de la misma, déjenme saber***

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