Cristo murió en la cruz, ¿y qué?

 

Antes de pretender hacerte pensar respecto a las grandes preguntas, es necesario discutir aquello a lo cual te quiero dirigir, el mensaje cristiano. Antes de que pienses en cerrar la página, quiero primero que pienses en lo siguiente: es posible que en tu vida hayas escuchado una versión distorcionada del mensaje. Quizás por el mal ejemplo de algunos cristianos o el fanatismo e ignorancia de otros. No te culpo, yo también tuve una mala comprensión de este mensaje al principio. Por lo tanto, quiero dirigirte al centro del mensaje, a la persona de Jesús.

Muchos hoy piensan que él es meramente un buen maestro que compartió unas enseñanzas éticas importantes. Ahora bien, ¿crucificarían a alguien por ser meramente un buen maestro? Jesús llegó a la cruz por dos razones bien importantes.

La primera razón se refiere en parte a unas aseveraciones extraordinarias que dijo Jesús. Un ejemplo de esto es el siguiente dicho: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27). Aquí Jesús hace una distinción importante entre su relación con el Padre y la de su audiencia con el Padre. Jesús quizo decir que no es un hijo de Dios, sino el Hijo de Dios. Otro ejemplo es el siguiente: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Aquí quiero hacer énfasis en el “yo soy”. Además de implicar una existencia previa a Abraham, Jesús intencionalmente dijo esto refiriéndose al antiguo nombre que utilizó Dios para revelarse a Moisés (Éxodo 3:14). Jesús señaló su naturaleza divina, igualándose en este sentido al Padre. Por esta razón, si leemos el siguiente versículo (Juan 8:59), los judíos rápidamente se prepararon para apedrear a Jesús, pero éste había escapado. Podemos decir mucho más de todo esto e incluso ver otros pasajes, pero basta con estos ejemplos para argumentar que una de las razones por las que murió Cristo en la cruz fue por este tipo de aseveraciones que él hizo. ¿Su crimen? Blasfemia, aparentemente.

Antes de discutir la segunda razón, ¿estarías tú de acuerdo con el juicio de ellos? Después de todo, si examinamos la vida de Jesús, él fue una persona excelente. Rompió con muchos estereotipos de la época, realizó milagros y su carácter era intachable y atractivo. W.H. Lecky, un historiador irlandés, escribió: “El carácter de Jesús no solo ha sido el mayor modelo de virtud, sino el incentivo más fuerte en la práctica de ésta. Además, ha ejercido una influencia tan profunda que se podría decir que el simple registro de tres cortos años de vida activa ha hecho más para regenerar y suavizar la humanidad que toda discusión filosófica y toda exhortación de los moralistas”. ¿Cómo es posible que con todo esto a su favor sus contemporáneos aun decidieran crucificarle? Aquí hay algo que va a lo profundo del corazón humano. Poncio Pilato no pudo hallar falta en él en aquel juicio ni tampoco Herodes Antipas, sin embargo la multitud no dejó de gritar “¡crucifíquenlo!”. Examinemos ahora la segunda razón.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Jesús hablando; Lucas 19:10). Jesús todo el tiempo que estuvo en la Tierra tuvo presente esta misión. ¿Qué vino a buscar? ¿Salvar de qué? ¿Quién se perdió? Compañer@ de Facebook, Jesús se refería a nada más y a nada menos que a ti a mí. La segunda razón por la cual Jesús murió en la cruz fue por esta misión dirigida a ti y a mí y a toda la humanidad. Con relación a esta segunda razón, la muerte de Jesús en la cruz tiene dos perspectivas inseparables. La primera es nuestra perspectiva. Quiero que al reflexionar en esto que sigue, no olvides dos atributos importantes del carácter de Dios, justicia y amor.

Todo ser humano en este planeta ha violado de una manera u otra el estándar perfecto de Dios. El ser humano se ha extraviado de la buena voluntad de Dios. A esto, a través de la Biblia, se le conoce como pecado. El pecado se puede definir como fallar al blanco, tal y como alguien podría fallar dar al blanco jugando a los dardos. Aunque el pago final del pecado (y el peor) es separación eterna de la presencia de Dios en el juicio final, éste de por si tiene consecuencias graves en el presente. Hobart Mowrer, psicólogo expresidente del American Psychological Association y exprofesor en Harvard y Yale, dijo:

“Por varias décadas nosotros los psicólogos nos acercamos a la temática del pecado y la responsabilidad moral como si fuese una grave pesadilla y aclamamos nuestra liberación de ello como un gran logro. Pero a gran escala hemos descubierto que el ser libre en este sentido, esto es, el tener la excusa de estar enfermo en vez de en pecado, es exponerse al peligro de también perdernos. Este peligro, en mi opinión, es indicación del interés amplio en el existencialismo, que en el presente estamos presenciando. Al volvernos amorales, éticamente neutrales y libres, hemos cortado las mismas raíces de nuestro ser, perdido nuestra profunda noción de individualidad e identidad, y con neuróticos mismos nos hallamos preguntando ‘¿Quién soy, cuál es mi propósito, qué significa vivir?’.”

Basta con mirar las noticias y ya podemos comenzar a ver los resultados del pecado. Tampoco hay que mirar muy lejos… En nuestro interior quien sabe cuantas veces hemos deseado algún mal a alguien o codiciado lo que no es nuestro. Jesús dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15:19-20). Más que una palabra arcaica, el pecado es una realidad que experimentamos día tras día. En fin, con relación a nuestra perspectiva, fue nuestro pecado que llevó a Jesús a la cruz. Junto a los soldados romanos y a la multitud que injustamente le crucificó, de una manera estuvimos nosotros representados allí.

La segunda perspectiva es la de Dios. Te pedi que tuvieras en mente dos atributos importantes del carácter de Dios, la justicia y el amor. Dios envió a Su Hijo para que éste pagara nuestra deuda. Jesucristo voluntariamente dio su vida por nosotros. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”, dijo Jesús (Juan 10:11, 18). En Su justicia, Dios tenía que satisfacer la demanda del pecado sobre nosotros tal y como un buen juez debe de sentenciar al asesino conforme a la ley. En Su amor, el Hijo de Dios tomó nuestro lugar en la cruz. Todo aquél que crea y viva por esta verdad, no tiene nada que temer y será salvo. Esta es la perspectiva de Dios.

¿Por qué Cristo murió en la cruz? Por nuestra culpa (por el pecado) y para nuestra salvación (donde se muestra la justicia y el amor de Dios). Cuando venimos a Él en Sus términos, Él nos perdona y transforma nuestra vida completamente, restaurando el orden y la relación entre Él y nosotros. Un diccionario lo pone de esta manera, “la salvación envuelve la liberación por parte de Dios de los humanos del poder y los efectos del pecado…a través del trabajo de Jesucristo de tal manera que la creación en general y los humanos en particular puedan disfrutar la vida en abundancia prevista por Dios”. Luego de morir, Jesucristo resucitó de los muertos, asegurando así todo lo que había dicho. No que vive de alguna manera simbólica, sino que vive como tú y yo vivimos. El cristianismo descansa en la resurrección de Jesucristo. El apóstol Pablo dijo: “y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17). Este, en resumen, es el mensaje cristiano. C.S. Lewis dijo: “El cristianismo, si falso, no tiene importancia, y, si verdadero, es de importancia infinita. Lo único que no puede ser es moderadamente importante”. Por esto te invito a que medites y reflexiones en este mensaje.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:16-17)

Jesús dijo ser el único camino para salvación, el agua que sacia nuestra sed, el pan que nos llena, la verdad que dirige, la luz que nos permite ver, la vida que nos anima, entre otras cosas. A través de Jesús estaremos viviendo de acuerdo a la realidad. Él nos liberta de la paga y el efecto del pecado. Nos lleva a Dios, quien nos dio la vida y creó todo en primer lugar. Solo Jesucristo pudo pagar el precio, representando la naturaleza humana y la divina en si mismo y habiendo vivido una vida perfecta delante del Padre.

En fin, todo lo que tienes que hacer es arrepentirte delante de Dios por tus pecados y confiar en la obra completa de Jesucristo en la cruz viviendo cada día para Él. Canon Peter Green dijo, “Solo aquel que está preparado para admitir su culpa por lo ocurrido en la cruz podrá reclamar su parte de la gracia”. Una vez pasas por esto pasas a ser parte de la familia de Dios, a ser un discípulo buscando aprender cada día más de Él y, luego de esta vida, a morar eternamente con Él. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”, dijo Jesús (Marcos 8:34-35). ¡Espero sus comentarios o dudas al respecto! Si tomas esta decisión respecto a Jesús avísame. Recuerden hacer esto por medio del grupo Pensando Acerca de la Vida o un mensaje directo a mí en Facebook.

PS: A todo cristiano que haya leído esto, no pierdas el gozo de este mensaje tan maravilloso y comprométete a compartir esta verdad donde quiera que vayas. Al resto, den una oportunidad a aquellos cristianos que quieren compartir esta gran verdad con ustedes.

Para profundizar:

1) Algunas citas relevantes a mi punto:

Karl Barth – “Jesús no da algún tipo de receta que enseña el camino a Dios como han hecho otros maestros de alguna religión. Él mismo es el camino.”

R.C. Sproul – “Moisés fue mediador de la ley; Mahoma dominaba la espada; Buda podía ofrecer consejos personales; Confucio podía ofrecernos dichos sabios; pero ninguno de estos hombres cualificaba para ofrecer un sacrificio de expiación por los pecados de la humanidad…Solo Cristo merece completa devoción y servicio.”

2) Lo que sigue es la reflexión de Malcolm Muggeridge, un periodista británico reconocido, respecto a su conversión a Jesucristo:

“Podría yo, supongo, considerarme como un hombre relativamente exitoso. La gente ocasionalmente me mira en las calles, eso es fama; podría fácilmente ganar suficiente dinero para cualificar para una admisión a una posición superior de Hacienda Pública (IRS). Eso es éxito. Provisto de dinero y un poco de fama, hasta los ancianos, si quisieran, podrían participar de alguna diversión amigable. Eso es placer. Podría darse el caso, de cuando en vez, que algo que hubiese dicho o escrito se le prestara mucha atención como para persuadirme de que aquello representó un impacto serio en estos tiempos. Eso es sentirse realizado. Aun así, te digo, y te ruego que me creas, multiplica estos triunfos pequeños por un millón, añádelos todos juntos, y son nada, menos que nada. Efectivamente, un impedimento positivo que se mide en comparación a una gota de esa agua viva que ofrece Cristo al sediento espiritual, independientemente quien o que sea.”

3) Lo que sigue es la cita de C.S. Lewis que expone su reconocido “trilema” respecto a la persona de Jesús:

“Estoy tratando aquí de prevenir a cualquiera para que no diga la necedad que la gente dice a menudo respecto de él: ‘Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro de moral, pero no acepto sus aseveraciones de ser Dios.’ Eso es lo que no debemos decir. Un hombre que fuese meramente hombre y dijera las cosas que dijo Jesús, no sería un gran maestro de moral. Podría ser un lunático – en un mismo nivel con el hombre que dice que es un huevo revuelto – o bien podría ser un demonio infernal. Le corresponde a usted hacer su elección. Si este hombre fué, y es, el Hijo de Dios; o si es un demente o algo peor.”

Ante este llamado “trilema”, ¿qué haremos? Lewis añade:

“Usted puede encerrarle por loco, puede escupirle y darle muerte como si fuera un demonio; o puede postrarse a sus pies y llamarle Señor y Dios. Pero no nos presentemos con la necedad de una arrogante condescendencia acerca de que él es un gran maestro humano. El no nos ha dejado abierta esa posibilidad. Ni siquiera lo intentó.”

Pintura que refleja en parte lo escrito en esta reflexión

***Las citas son traducciones mías. Si a alguno le interesa la cita en el lenguaje original, o la fuente de la misma, déjenme saber***

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